Un servidor abnegado
¿Qué más puede hacer por ti
este humilde servidor abnegado?
No es que hoy te abandone,
es que ya me habías abandonado.
No grites más, no tiembles,
fingir dolor no es necesario
pues el daño te lo has hecho tú
de forma ruín y sin pensarlo.
Despierta, por tu bien
y no pienses más en el mío,
la hora se acerca y te llama
a mostrar toda fuerza, todo brío.
Pero si ya eres incapaz de amar,
has perdido todo rastro de alma
sin despertar de tu absurdo sueño,
no reconoces ya a la esperanza.
Sigue en el fondo de tu letargo
vacuo, fútil y alienante,
deja para los pocos valientes
la tarea sublime de enamorarse.
Reconociendo el abrumador triunfo
de tus planes ahora me marcho.
No es que a tu corazón abandone,
es que de él siempre me tuviste exiliado.
¿Qué quieres que haga hoy por ti
este funesto servidor derrotado?
No es que hoy te abandone,
es que ya me habías abandonado.
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