Invasiones y Huidas

A veces, cuando viajo en el metro, sólo, como estoy acostumbrado, me da por ponerme a meditar. Es entonces cuando vienes tú a mi pensamiento, empiezas por invadir una parte de mi mente hasta provocar una especie de trance hipnótico que me sumerge en la historia que llevas cuatro años susurrándome al oído. Pero no tengo papel, por eso no escribo, y me dejas siempre sin habla, por eso no guardo en mi teléfono celular los pensamientos que me haces llegar, y no me quedan energías, por eso no quiero recordar lo que pasó entre nosotros, ella y yo y en consecuencia, entre ella y yo y tú también. Pero el tiempo se acerca, las lluvias no cesarán pero esta vez escaparemos, juntos, a un lugar donde no puedan alcanzarnos. Una huída tan necesaria como aquella que dio la idea que significa el origen de todo el universo que has creado. Y de repente pretendo escuchar el sonido de las olas rompiendo sobre la playa, casi puedo sentir la sal en el aire de la costa y la arena bajo los pies. Irónico, pues es el lugar a donde huyo no tiene nada de eso. He terminado de perdonarme, de aceptar que no todo lo sucedido ha sido mi culpa. Que ambos fallamos y que ahora cada quien debe de seguir su camino. Que la promesa que hice es una de esas que por el bien de la humanidad, de las amistades que perduran, del correcto desarrollo del espacio-tiempo en el que vivo y sobre todo, por salud mental, no debo cumplir. Y cuando estemos solos, te enfrentaré sin temor, en una batalla para la cual el desierto nos será pequeño. Sol y viento nos acompañarán, tratando de no distraernos para completar lo que hemos empezado y que por pereza o por falta de inspiración no hemos podido terminar. Seguir mi camino, es todo lo que por el momento puedo hacer, y mi camino indica que ya va siendo tiempo de que cuente la historia que llevas guardada bajo tantos dolores de cabeza, bajo tanta tierra que has arrojado sobre tus fantasmas personales, bajo las lágrimas que una vez brotaron sin que valieran la pena. Entonces habremos perdido un pequeña parte de ese don que me permite escuchar cosas que otros no escuchan, pero no estaré triste, sino todo lo contrario, ese día, como hoy, estaré en paz.
Carlos Figueroa Vs. Carlos Figueroa Año 2008: Paz y Gloria.

Comentarios

¡Guau!
No usas lapiz ni papel pero...
¿qué tal una compu, internet, un teclado y un blog?
Creo que ese buen inicio de semana de la entrada pasada también influyó considerablemente tus de por sí ya grandes dotes poéticos y creativos.
Amigo... me quito el sombrero.

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