Visita al Tajín

Fue como volver a casa. Hace unos cuantos fines de semana, salí de la Ciudad con mis amigos. Realmente necesitaba una escapada pues había estado sometido a mucho estrés las últimas semanas, pues, entre el curso y la visita tuve muchísimo trabajo. El martes de la semana anterior a este viaje tuve visita y ese mismo día tuve que exponer un tema que preparé en dos días y terminando con eso me dediqué a preparar la exposición del viernes siguiente. Afortunadamente todo salió bien y el sábado a mediodía estaba en la Central Camonera del Norte de la Ciudad de México para salir rumbo a Poza Rica. El viaje fue placentero, por decir lo menos, pude dormir un rato y cuando desperté, el autobús estaba rodeado de un color blanco lechoso que no era otra cosa que la niebla que atestaba las cumbres de la Sierra Madre Oriental. Afortunadamente no hubo demasiado tráfico y llegamos con muy poco retraso a nuestro destino. Después de saciar nuestra hambre (la que, esta si, la traíamos atrasada), nos dedicamos a buscar un lugar donde pasar la noche, así que, tras preguntar en un par de hoteles, nos hospedamos en el Hotel Mansión, muy cerca del Centro. Esa noche salimos a buscar un lugar para divertirnos, pero, y eso fue algo que me sorprendió mucho, en esa Ciudad los antros y lugares para bailar no abren antes de las diez de la noche, así que solamente estuvimos en un billar un ratito y después nos fuimos al Chedrahui para comprar algo para comer. No fuimos muy creativos (el presupuesto tampoco daba para más) e hicimos sándwiches. Jugamos un rato con una baraja que llevaba Kristian y sin más, nos fuimos a dormir. Al día siguiente, el taxista que nos llevó el día anterior al Hotel, pasó por nosotros muy temprano para llevarnos a la Zona Arqueológica. El Tajín fue muy importante en la cultura totonaca, de hecho, según “Chebo”, el guía de turistas que contratamos para el recorrido, aún hay gente viviendo en el Tajín que conserva sus tradiciones casi intactas. Por varias razones, el Tajín me gustó mucho. Una de ellas es que mi familia, por parte de mi mamá es originaria de esa zona de Veracruz (de hecho, mi abuelito sabía hablar en totonaca y bromeaba diciendo que era un príncipe), el clima y el ambiente en sí me son familiares pues desde niño me iba de vacaciones a Gutiérrez Zamora y zonas aledañas (Tecolutla, Papantla y demás). Sin embargo, nunca había visitado el Tajín, y otra de las cosas que me gustó fue precisamente esa, la forma de descubrir la zona arqueológica. A diferencia de otras zonas, el recorrido era de una manera, por decirlo así, casi cronológico, así que los edificios más bonitos están al final del recorrido. Por último, y quizá lo que más me gustó, es que a diferencia de Tenochtitlán, que era una Ciudad de los dioses, o de Chichen Itzá, que fue una ciudad matemáticamente casi perfecta y de Tula, que fue (ahí la dejamos mejor), el Tajín fue una ciudad de artistas, la belleza en los terminados de los edificios es notoria y es una pena que la mayoría de los relieves de las figuras talladas para adornarlas estén tan deterioradas, pero con el clima que domina en esa zona, me parece muy comprensible. Mención especial merece el Templo de los Nichos, un edificio que destaca por su belleza y el significado y utilidad de cada uno de los nichos que lo adornan. En conclusión, es un sitio que hay que conocer aunque no sea una de las siete nuevas maravillas del mundo, pues aunque no es tan mercadotecnicamente atractivo como Chichen Itzá, me parece mucho más bello.

Comentarios

Claro. Es hermoso el tajin. También es una lástima que hayan cerrado el acceso al público en algunas partes por la falta de cultura de respeto a la arqueología de nuestros antepasados.
Que bueno que tuviste la oportunidad de escaparte de la rutineidad.
Saludos...
Anónimo dijo…
Y las fotooos???

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