A veces, cuando viajo en el metro, sólo, como estoy acostumbrado, me da por ponerme a meditar. Es entonces cuando vienes tú a mi pensamiento, empiezas por invadir una parte de mi mente hasta provocar una especie de trance hipnótico que me sumerge en la historia que llevas cuatro años susurrándome al oído. Pero no tengo papel, por eso no escribo, y me dejas siempre sin habla, por eso no guardo en mi teléfono celular los pensamientos que me haces llegar, y no me quedan energías, por eso no quiero recordar lo que pasó entre nosotros, ella y yo y en consecuencia, entre ella y yo y tú también. Pero el tiempo se acerca, las lluvias no cesarán pero esta vez escaparemos, juntos, a un lugar donde no puedan alcanzarnos. Una huída tan necesaria como aquella que dio la idea que significa el origen de todo el universo que has creado. Y de repente pretendo escuchar el sonido de las olas rompiendo sobre la playa, casi puedo sentir la sal en el aire de la costa y la arena bajo los pies. Irónico, pu...