De 2015, hobbits y corazones divididos
Siempre he pensado que los años nones me son más benéficos que los pares, aunque seguramente es otro de mis traumas matemáticos (cómo mi fijación por el número 9 y la afición que tengo de descubrir placas de automóviles que sean múltiplos de 37). Este año dos mil quince ha venido a poner en duda esta creencia irracional. He tenido que volver a ponerme el traje de administrador financiero para no caer en bancarrota, el de chef para ayudar en la misma tarea, y para no hacer el cuento largo, he portado tantos trajes diferentes (enfermero, abogado, diseñador, novio, pistolero y hasta charro) que ya me siento Super Mario. He aprendido tanto y me he dado cuenta que aún me falta tanto por aprender que siento que la primera parte de este viaje de ida y vuelta está por terminarse, pero que la vuelta, lejos de ser tranquila, aún me guarda muchas aventuras por vivir. Pero, lo que me más me preocupa en este momento es que el corazón no me alcance para repartir entre los que necesitan de él. Teng...